El rostro de Masiosare

Todos los mexicanos escuchamos, desde que tenemos memoria, el himno nacional. Algunos de nosotros, obligados por algún profesor que nos pide estar de pie, quietos en un patio junto a otros párvulos; otros desde casa, donde se nos habló de los símbolos de lo que hoy llamamos México; también hay quienes reservan su uso para el televisor, la noche del 15 de septiembre o quizá previo a ver jugar a la selección de fútbol.

Más allá de la ocasión para conjurar estas estrofas, quisiera detenerme, analizar la conocida frase, que alude a aquel extraño enemigo, cuyo simple arribo, bastaría para ser llamados, como mexicanos, a combatirle.

Es bien sabido que el término más si osare, hace referencia a en caso de atreverse, pero aludiendo al folklore e imaginario populares, dotemos de sustancia a ese extraño enemigo: démosle forma a Masiosare.

Los seres humanos somos especialistas en involucrarnos en conflictos basados en sesgos inventados, etiquetas impuestas hacia otros o a nosotros mismos: Los de la colonia Mendoza, son todos unos pandilleros; si es contador, es cuadrados; jamás hagas negocios con un capricornio: querrá imponer su voluntad. ¿Estamos conscientes de nuestros prejuicios?

Universalmente, lo libros de historia están editados, corregidos y aumentados, tanto por la postura de los vencedores, como de los intereses de quien los imprime; en casa, es imposible escapar: nuestras familias están condicionadas por su experiencia, entorno, nivel socio-económico o cultural, entre muchos otros factores; los medios, incluso los independientes, buscan atención de nuestra parte, mostrándose dispuestos a doblar la realidad a conveniencia, para conseguirla. No los culpo, es su modelo de negocio. Nuestro sistema los premia por ello.

¿Con cuántos musulmanes hablaste la semana pasada? ¿judíos ortodoxos? ¿mujeres transgénero?, ¿niños del África Subsahariana con alguna discapacidad? ¿qué nos hace pensar que conocemos sus estilos de vida, necesidades y que, a diferencia de ellos, nosotros estamos en lo correcto?

Uno de mis ejemplos favoritos es el de los tatuajes por el mundo: en la Polinesia, desde hace siglos, estas marcas en la piel, formaban parte de la ceremonia de adhesión al grupo, eran parte de un ritual: unían a las personas alrededor de una ideología, ayudaban a identificarse como parte de su comunidad; en el Japón actual, en pleno siglo XXI muchos baños tradicionales, prohíben el acceso a personas tatuadas, por asociarlos con la yakuza; sin embargo, en el México de los 80’s y 90’s las pieles entintadas, eran consideradas marcas de quienes vivían fuera de la norma, hasta mutar, en la década de los 2010 y 20’s en una simple manifestación de individualidad, promovida en la cultura popular.

Los tatuajes son los mismos. Sólo cambió nuestra mirada.

¿Existen los valores universales? Vienen a mi pensamiento manifestaciones sociales como el voto, hakas maorís, democracia, la supuesta abolición de la esclavitud, shogunatos, monarquías, o tribus sedentarias. Vivimos entre construcciones sociales, inventos, artificios, fruto de un contexto.

En el mejor de los casos, estas dinámicas surgen de manera orgánica, sin embargo, pueden ser forjadas o forzadas, a la medida: el nacional socialismo alemán, el sistema de división humana por castas en India, el apartheid sudafricano, o la obligación de una mujer a desposarse para recibir bienes por herencia en la Atenas del siglo V, son ejemplos de prácticas humanas que parecen inverosímiles en la sociedad occidental actual, sin embargo rigieron y en algunos casos, siguen dictando, el curso del destino de miles de seres humanos.

La invitación que te hago es a que te detengas un momento. Acalles el ruido de tu entorno, de los comunicadores de la radio, televisión, influencers, tu círculo familiar, religioso, geográfico… Hazte aliado del silencio. Observa los sesgos —que todos tenemos— desde fuera de ti. Date cuenta de cuántas y cuáles etiquetas adhieres a todo lo que te rodea. ¿Tenemos la razón? ¿nuestra sociedad, valores, religión, partidos políticos, representan verdades universales y eternas? Si respondemos de manera honesta, probablemente la realidad nos sorprenda.

Dudemos entonces, de quien pretenda revelarnos, cuál es el rostro de Masiosare.

LAE 06 Yiro Mandujano